¿Tú también has perdido el rumbo?

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De pequeña, jugando en la calle (antes jugábamos en la calle) me abrí la cabeza, un buen corte en la frente (todavía tengo la cicatriz). Dolía, la sangre avanzaba por toda la cara, hasta la camiseta. Mis padres alarmados me llevaron a urgencias en coche, pañuelo blanco en mano por la ventanilla y el claxon sonando sin parar para que todos los coches nos dejaran pasar, saltándonos los semáforos en rojo.

Urgencias, puntos … y al finalizar la intervención el médico les dice a mis padres: “todo ha ido bien, es una niña muy valiente y risueña, no ha llorado”. En ese mismo instante y después de tres horas de miedo sin derramar ni una lágrima, rompí a llorar. Cuando todo se había “normalizado”.

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Ahora, después de 3 meses de confinamiento en los que me he mantenido fuerte, intentando que mi mundo no se desmoronase, justo ahora cuando todo empieza a normalizarse, es cuando todo empieza a tambalearse.

Hay dos tipos de personas: las que lloran en los momentos difíciles y las que lloramos después, cuando todo ha pasado. Te mantienes fuerte ante las dificultades, no te permites hacerte preguntas, no te permites dudar, hasta que no pase la tormenta. Sería demasiado peligroso.

“Estás rara” me dicen, “con lo bien que has llevado el confinamiento”. Ya no rompo a llorar, pero me siento rara, ahora que empieza la normalidad, me siento rara.

Y como un regalo aparece este artículo que os remiendo leer encarecidamente por perlas como esta:

“La vida viene sin manual de instrucciones. “Vivir no es otra cosa que arder en preguntas” decía el poeta Antonin Artaud. No hay normalidad, ni vieja ni nueva, sino un proceso de normalización permanente: apagar constantemente el fuego siempre reavivado de las preguntas sobre cómo vivir.

Estar raros es seguir vivos. Insistir en nuestras preguntas, malestares y deseos contra la normalización. Tratar de convertir todo ello en materia a elaborar para inventar un deseo nuevo, una nueva forma de vivir.

Estar raros es defender nuestras preguntas, conservar las marcas que nos ha dejado la interrupción como algo precioso, disponernos a otra atención sobre nosotros mismos y sobre la realidad.”

Ya no lloro, pero siento que estoy perdida, sin rumbo, necesito respuestas. Supongo que tengo que cambiar las preguntas para poder encontrarme. Siento que necesito una pausa, tras la gran pausa.

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